Imagen cabecera del museo.

Castillo

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Origen e historia

Durante los siglos XII y XIII la población musulmana almohade de la península construye castillos para frenar el avance cristiano. A estos siglos se remonta el origen del Castillo de La Atalaya de Villena. En 1240 las tropas cristianas al servicio del rey de Aragón Jaime I realizan dos ataques frustrados a dicha fortaleza hasta que el Comendador de Alcañiz, de la Orden de Calatrava, conquista la ciudad en nombre de Jaime I que la cede al rey castellano Fernando III. El castillo pasó a poder de su último hijo don Manuel y desde entonces Villena se convirtió en cabeza de un señorío cada vez más importante por la situación geográfica y los personajes que ostentaron su titularidad pertenecientes a la familia real castellana.

A la muerte del infante su hijo don Juan Manuel heredó la fortaleza que permaneció bajo el patrimonio de los Manueles hasta su incorporación a la Corona de Castilla. El señorío de Villena se transformó en Marquesado abarcando las tierras de Alicante, Albacete, Cuenca, Toledo, Murcia, Valladolid y Guadalajara. En la fortificación no existen huellas del primer marques, don Alfonso de Aragón, pero sí de su sucesor don Juan Pacheco al que se debe la construcción del cuerpo superior de la torre del homenaje en la que aparece en uno de los lados labrado su escudo. Posteriormente, en la época de los Reyes Católicos los villenenses se sublevaron contra el marqués don Diego López Pacheco y desde entonces la ciudad y el castillo pasaron a los dominios reales convirtiéndose el marquesado en título honorífico.

El señorío de Villena también se transformó en ducado creado por Enrique III de Castilla para las infantas doña María y doña Catalina.

El castillo jugó un papel importante en la Guerra de Sucesión (1700-1714) sirviendo de refugio a los leales de Felipe V de Borbón frente a Carlos de Austria, así como en la de la Independencia (1813) en la que el mariscal Suchet bombardeó la fortaleza destruyendo parte de las bóvedas almohades.

El estado actual de la fortificación es fruto de diferentes actuaciones encaminadas a su protección, conservación y difusión. El punto de partida fue 1931, año en el que se declara Monumento Histórico Nacional. Más tarde, en 1958 se iniciaron los primeros trabajos de restauración. Las últimas intervenciones se iniciaron en el año 1999 y, además de nuevas excavaciones arqueológicas, se restauró el interior de la torre del homenaje y todas las murallas.